Absolutely Free
The Mothers of Invention
Frank Zappa venía de haber grabado con los Mothers el primer álbum debut doble en la historia del rock: Freak Out! (1966). Aquel lanzamiento contracultural contenía ya la visión que definiría en gran medida su arte, concibiendo su música como un vehículo de ideas colmadas de un tono satírico. La propuesta de Absolutely Free no se aleja por completo de la dispersión que caracterizó al debut, sin embargo, en este segundo opus se halla una mejor elaboración en los arreglos que lo sitúa como un objeto artístico capaz de juntar dos palabras: bizarro y original.
El entramado compositivo contiene escenarios con potentes críticas a la política y a la sociedad estadounidense con su cultura de consumo. Ese filo se percibe en dos oratorios conceptuales, los cuales dinamitan el formato estándar mediante el uso del collage sonoro y la disonancia. La música es un producto de combinaciones donde converge el rock, el jazz, la música clásica y la experimentación, con una fuerte carga de influencias de Ígor Stravinski y Edgard Varèse. Dado que Zappa profesaba un profundo amor por el doo-wop, este estilo también encuentra un espacio recurrente en el repertorio.
El primer oratorio, homónimo al título del disco, introduce una ironía donde los vegetales operan como símbolos de la parálisis social de la aristocracia. Esto se escucha tras la apertura de “Plastic People” —una inteligente deconstrucción del clásico "Louie Louie", antes de avanzar hacia espacios surrealistas de gran riqueza musical.
Además, este segmento destaca con la adición formal del saxofonista Bunk Gardner, quien otorga una notable aportación de su instrumento, muy evidente en "Invocation & Ritual Dance of the Young Pumpkin", siendo la primera pieza donde las habilidades de Zappa como prolífico guitarrista improvisador se hacen evidentes en un excelente y prematuro ejercicio de jazz fusion. "Soft-Sell Conclusion", por otro lado, consolida la audaz amalgama de consignas absurdas y citas veladas a compositores como Gustav Holst. Asimismo, “Big Leg Emma” y “Why Don’tcha Do Me Right?” terminan siendo piezas atractivas, sobre todo la primera, gracias a una melodía que proviene directamente del doo-wop y del jazz de Nueva Orleans.
El segundo oratorio, titulado “The M.O.I. American Pageant”, prescinde de las metáforas botánicas para concentrar sus comentarios hostiles hacia las instituciones norteamericanas y el patetismo de la vida suburbana. La sección abre con Zappa al dar voz a una América alcoholizada y fuera de tiempo, mientras imita a intérpretes reconocidos del pop tradicional como Frank Sinatra. En este bloque emergen piezas sobresalientes como “Status Back Baby”, la cual parodia la angustia adolescente a través de dinámicas vocales en un doo-wop deformado; “Uncle Bernie’s Farm”, que presenta un ataque directo al adoctrinamiento infantil, y “Son of Suzy Creamcheese”, donde se retoma al icónico personaje zappiano para exponer las contradicciones de la cultura hippe. El merecido reconocimiento es para la magnífica “Brown Shoes Don’t Make It”, que es una suite en miniatura estructurada sobre un denso y espeluznante collage sonoro con rupturas de múltiples estilos musicales. Audacia que también se refleja en líricas enfocadas en la depravación oculta de la clase política. Finalmente, el oratorio cierra con “America Drinks and Goes Home”, una lograda recreación más ambiental, ebria y desinteresada, con aires decadentes en un club de jazz.
El concepto del disco es intrigante, cómodo por instantes, también inestable debido a su extrañeza. Factor que inevitablemente provocará un desconcierto en los oídos poco habituados a estos parajes. La música, por su parte, llega a ser afectada por un único pecado; puede ser llevada a un segundo plano por la densidad de comentarios ácidos.
Considero que adentrarse por primera vez en el universo de Frank Zappa siempre originará consecuencias, en especial si el navegante no comienza por sus trabajos más “accesibles”, no obstante, si se decide iniciar por esta complejidad “Absolutamente Libre” se revelará una virtud de cautivarlo extrañamente hasta hacerlo encallar en una de las discografías más fascinantes del siglo XX.
Isaac Páez
Soy músico e ilustrador, pero sobre todo escritor empedernido. Me desempeño como periodista musical y colaborador en proyectos independientes, labor que comparto desde hace más de seis años, mientras doy vida a otras páginas bajo distintos seudónimos.
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