Chico Buarque
Chico Buarque
Después de convertir la crítica a la dictadura militar brasileña en una de las obras más refinadas de la canción latinoamericana con Construção (1971), Chico Buarque prolongó esa misma dirección en Meus Caros Amigos (1976), donde el comentario político comenzó a entrelazarse con escenas domésticas, vínculos afectivos y episodios cotidianos. Aquella continuidad prosigue en su regreso al estudio con el que se convertiría en su octavo lanzamiento en solitario de 1978, conocido popularmente entre el público brasileño como “Samambaia”.
En Samambaia se encuentran algunas peculiaridades sobresalientes que lo diferencian de sus anteriores. En primer término, encontramos una mejora en los lenguajes musicales y literarios que habían sido explorados, con esa plasticidad de la prosodia de la lengua portuguesa, como también por su integración natural en las estructuras musicales que dieron forma a la samba, muy perceptible como lo son esos patrones rítmicos del lundo o la batucada. La misma exuberancia de los arreglos encuentra equilibrio en el conjunto del disco. Siempre acompañada de la cadencia de esa poesía que bebe de situaciones políticas y cotidianas, concentrando su fuerza expresiva tras metáforas. En segundo término, algunos temas fueron grabados entre 1970 y 1975 pero fueron publicados hasta este disco con diferentes arreglos por la censura política. Destaca además la participación de figuras fundamentales para el desarrollo del disco y los temas. Las intervenciones de Milton Nascimento, Marieta Severo, Elba Ramalho, Zizi Possi, así como de los grupos MPB4 y Quarteto em Cy, enriquecieron el repertorio con algunos de sus tramos más memorables.
En su secuencia, aunque se trate de un disco eminentemente rítmico, nunca renuncia a la riqueza melódica y armónica. "Feijoada Completa" constituye un ejemplo perfecto de un tejido rítmico expansivo gracias al surdo, al apito y la cuíca casi discreta en su mezcla, mientras los cordófonos y metales configuran el ambiente hogareño que sugiere su título. En “Cálice”, encontramos coralidades que invitan a momentos religiosos y de tensión suprimida, articuladas mediante progresiones sobrias plantando cara a la represión. Puede entenderse como: “Cálice / Cal-ese / Cállese”.
En las piezas siguientes, tanto “Tocando em Miúdos” y “O Meu Amor” tienen aires resguardados de amor. Son serenas y vulnerables. La primera contiene una letra que narra el final de un matrimonio, siempre abrazada por una base de vientos y piano para su consolación. La segunda es el retrato de un bolero sensual, con metales, percusiones y cuerdas de movimientos privados.
La pícara “Homenagem ao Malandro” recupera la figura tradicional del malandro para ser transformada mediante giros melódicos irónicos y una ligereza urbana en un comentario mordaz directo a políticos. “Até o Fim”, en contraste, reduce el cúmulo instrumental para enfatizar una base disfrutable de piano, bajo, guitarra y agogó que le hace frente a los fracasos de una vida predestinada. Prosiguiendo con la reducción de instrumentos, la merecedora de toda angustia y dolor se localiza en la balada “Pedaço de Mim”, donde la voz de Zizi Possi interpreta la pérdida y el duelo de superar la ausencia de un fallecimiento.
Hacia su final se encuentra una increíble interpretación que hizo Chico Buarque con “Pequeña Serenata Diurna”, composición de Silvio Rodríguez. Mención aparte, merecen las dos excelsas piezas que profundizan la dimensión narrativa y alegórica que atraviesa buena parte del repertorio; "Pivete" es cruda en su mensaje, pero no en sus arreglos, que en su mayoría se encuentran revoloteando como mariposas entre vientos y percusiones como alimento de hojas perforadas por orugas. "Apesar de Você", por su parte, es reconocida como un clásico tanto de este trabajo como de todo el repertorio de Buarque, pues bajo su aparente llaneza melódica subyace una estrategia de resistencia a cualquier dictadura mediante símbolos poéticos y juegos de palabras capaces de confundirse con una simple disputa amorosa.
La mayor virtud de este trabajo puede rastrearse en la coherencia con la que integra lo rutinario y lo político sin recurrir al énfasis explícito, y que con Samambaia, Chico Buarque consolidó otro testimonio sonoro de notable rigor estético, donde tradición y crítica continúan definiendo los alcances de la música popular brasileña.
Isaac Páez
Soy músico e ilustrador, pero sobre todo escritor empedernido. Me desempeño como periodista musical y colaborador en proyectos independientes, labor que comparto desde hace más de seis años, mientras doy vida a otras páginas bajo distintos seudónimos.
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