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Ella and Louis

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong

Isaac Páez
Isaac Páez
2 min
Ella and Louis

Dentro de las muchas colaboraciones a dueto que se han dado en la historia del jazz y de la música en general, resaltan dos nombres que se unieron en un agosto de 1956 para dar vida a un material que vería la luz en apenas dos meses después. Fue tal el éxito de aquel lanzamiento que los llevaría a completar una trilogía inspirada en esa reunión.

El inicio de esa trilogía no es más ni menos que Ella and Louis, disco concebido por dos de los máximos representantes que el género ha tenido a lo largo de su historia: la primera dama de la canción, Ella Fitzgerald, y el trompetista Pops, Luis Armstrong.

Es precisamente en la convivencia de dos naturalezas opuestas al compartir el micrófono donde el álbum encontró su mayor originalidad. Ella y Louis evidenciaron una compatibilidad semejante a la de la sal y la pimienta; ingredientes completamente distintos, pero que juntos logran una combinación que da sabor a cualquier platillo. Eso ocurrió aquí, pues la voz suave y luminosa de Fitzgerald contrastó con la ronca, áspera y arcillosa de Armstrong. Esos timbres disímiles sazonaron once canciones llenas de intervenciones vocales, reuniendo lo mejor de cada uno de ellos.

El disco en todo su recorrido respira momentos hogareños, amorosos, aunque también tristes, siempre ligados a las vivencias que narran las composiciones. En otro apartado, la riqueza instrumental recae en el trio del virtuoso pianista Oscar Peterson, que se concentra en delicadas pulsaciones sobre el piano, mientras las percusiones aportan rítmos de sabor neoorleanés con un contrabajo de figuras corpulentas, firmes en su andar sobre el mástil y capaz de conducir cada pieza hacia un recorrido íntimo.

Realmente no hay una pieza que sobresalga por distinciones excéntricas. Todas las canciones brillan y pesan por igual. Las mismas fueron interpretadas con una comodidad admirable, fruto de la atmósfera casera en la que el álbum fue registrado en apenas unas cuantas tomas. Además, se trata de interpretaciones trabajadas con un enorme respeto desde la mirada de Fitzgerald, quien decidió dejarse guiar por Armstrong en prácticamente todos los aspectos que cubren a las canciones. De hecho, las composiciones provenientes de musicales y del cancionero clásico estadounidense de este repertorio fueron escogidas exclusivamente por Louis a petición de Ella.

La escucha disfrutable que Ella and Louis ofrece se hace presente si hay ciertas situaciones provistas: como música de fondo en la tranquilidad de un cómodo espacio o en la escucha atenta apreciando cada uno de sus matices. Destaca particularmente la apertura con “Can’t We Be Friends?”, con aquel inicio en la frescura vocal de Fitzgerald para después pasar a la ahumada garganta de Armstrong y unirse ambas voces hacia su final. También es digna de profunda admiración a “They Can’t Take That Away From Me”, que es mantenida por pequeños instantes de cualidades finas aportadas por el característico sonido de la trompeta de Louis. Es un tema profundamente emotivo y sublime. No está de más mencionar a “Cheek to Cheek”, la antepenúltima del repertorio, donde reúne algunas de las mejores yuxtaposiciones vocales del álbum y señala la magia particular que envuelve todo este trabajo.

Y por supuesto, cuando uno llega al final en “April In Paris” se dará cuenta que este es de esos discos cuya grandeza queda expuesta en la naturalidad con la que dos artistas irrepetibles dialogan y sienten la música entre sí.

Ella Fitzgerald Louis Armstrong Jazz
Isaac Páez
Escrito por

Isaac Páez

Soy músico e ilustrador, pero sobre todo escritor empedernido. Me desempeño como periodista musical y colaborador en proyectos independientes, labor que comparto desde hace más de seis años, mientras doy vida a otras páginas bajo distintos seudónimos.

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