Four Freshmen and Five Trombones
The Four Freshmen
En 1955, mientras los suburbios estadounidenses crecían y la televisión convertía el salón en una estancia de entretenimiento privado, el jazz se encontraba en una admirable diversidad entre sus representantes. Fue en este mismo contexto donde se hizo presente una lenta, pero inminente transición —con las big bands en declive y los cuartetos vocales anticipando la era del rock & roll cuando se publicó el segundo álbum de The Four Freshmen. El disco, tal como lo expresa su título, hizo un entorno musical de cuatro voces sobre cinco trombones, dando como resultado una experiencia refinada en su escucha, sirviendo como un contrapunto a la próxima latente inquietud juvenil.
El sonido que se encuentra dentro de este material es un atractivo híbrido. Se puede escuchar la intimidad coral del barbershop relacionándose con la improvisación sutil de acordes en un swing contenido. Las secciones y los arreglos de los trombones fueron adecuados para envolver y responder a las gargantas de los hermanos Barbour, Bob Flanigan y Ken Errair, que materializan un tapiz aterciopelado con imágenes de salones y noches de neón. Las secciones rítmicas, por su parte, mantienen pulsos elegantes que nunca terminan de opacar a la delicadeza vocal presentada.
En todo su recorrido figuran increíbles interpretaciones, destacando la inicial “Angel Eyes”, hasta “Speak Low” por su peso de construcción e idealización musical. Las brillantes indiscutibles llegan a ser “Somebody Loves Me”, capaz de marcar pulsos involuntarios durante su escucha. La clásica “I Remember You” de Mercer-Schertzinger filtrada ensoñadoramente por el cuarteto, “Love” en el otro lado con su instrumentación contagiosa y rimbombante, llena de un trabajo vocal distinguido. Y por última, se encuentra la pieza excelsa, “Our Love is Here to Stay” de los Gershwin, dueña de grandes arreglos y altas armonías que aquí encuentran un lugar especial dentro del repertorio, demostrando por qué este cuarteto vocal acabó ampliando las reglas de la armonía pop del siglo XX.
La combinación de estas piezas coloridas, enmarcadas en una portada de estética modernista, cimentó el éxito de la agrupación en las listas de popularidad de la época después de su debut silencioso. Su propuesta transformó el panorama musical y fue una fuente de inspiración para músicos e iniciados; entre ellos, un joven Brian Wilson de trece años, quien adquirió con su esfuerzo el primer LP de su vida.
Isaac Páez
Soy músico e ilustrador, pero sobre todo escritor empedernido. Me desempeño como periodista musical y colaborador en proyectos independientes, labor que comparto desde hace más de seis años, mientras doy vida a otras páginas bajo distintos seudónimos.
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