Madre en años luz
Spinetta Jade
Al llegar a Madre en años luz, el último trabajo de Luis Alberto Spinetta junto a Spinetta Jade, encontraremos una agrupación que volvía a mutar. Leo Sujatovich dejó los teclados que habían definido el sonido de Bajo Belgrano (1983), cediendo su lugar a Juan Carlos "Mono" Fontana, quien asumiría la nueva dirección del instrumento. De igual forma se unió el guitarrista Juan Carlos “Lito” Epumer; ambos provenientes de las filas de Madre Atómica.
Como sugiere su título, el disco rinde homenaje a aquella agrupación, y al mismo tiempo, presenta una serie de particularidades que lo distinguen de los anteriores, tanto desde su producción como desde su concepto. La incorporación de Fontana llevó a Spinetta a dejar atrás el jazz-rock que había venido desarrollando desde Alma de Diamante (1980) y Los niños que escriben en el cielo (1981) para sumergirse de lleno en una estética electrónica dominada por cajas de ritmos y sintetizadores futuristas, de contornos acolchados. De hecho, debido a la ausencia de percusiones tradicionales, Pomo Lorenzo, quien había sido el encargado de ellas desde la formación de Jade, limitó su participación a unos discretos platillos en el tema de cierre.
Dentro de su sentido, Madre en años luz es una oda a la humanidad y a su naturaleza, enfrentándose constantemente a la incertidumbre de un futuro que trasciende hasta el cosmos. Las letras, por su parte, profundizan aún más en una poesía de cualidades simbólicas e interpretativas. Ejemplo de ello es la representante del buen gusto, la abridora “Camafeo” cuya letra, siempre escrita en tiempo futuro, anticipa desde el inicio el significado mismo de la obra. Le sigue la acariciadora de almas “Entonces Es Como Dar Amor”, con momentos anhelantes, pero también angustiosos.
No obstante, existen pequeños instantes donde la producción termina imponiéndose sobre las composiciones. “Amarilla Flor” es quizá el resultado más evidente: la abundante reverberación y la decisión de alargar ciertas silabas para lograr una interpretación orgánica hacen que el recurso se sienta, en algunos pasajes, ligeramente meloso. Donde mejor funciona es en la distópica "Este Es El Hombre de Hielo". Sus irrupciones electrónicas e inusuales acordes adaptan el recurso para volverlo parte esencial de la dualidad orgánico-maquinario que desprende toda la canción.
Siguiendo con aquella línea extraterrestre, se encuentra la breve “¿No Ves Que Ya No Somos Chiquitos?” retratada únicamente con preguntas. Es una pieza contemplativa, sostenida por sintetizadores gélidos y una quietud espacial digna de mirar asteroides. "Ludmila", por otra parte, constituye el primer gran clásico del disco y la que mejor adapta la singular producción. Entre las últimas se encuentra a “Mula Alma”. Un espectro instrumental compuesto por Fontana con inspiraciones en la música tradicional y el folclor argentino. Las otras dos, tanto “Enero del Último Día” y “Díganle” son grandes construcciones musicales, en especial esta última con aquella increíble progresión y acordes que culmina con uno de los mejores solos del Jade tardío a cargo de Lito Epumer. Es el segundo clásico imbatible.
Con total seguridad, Madre en años luz constituye un álbum fundamental dentro de la trayectoria de Luis Alberto Spinetta, pues muchas de las ideas sonoras y estéticas planteadas aquí encontrarían pequeñas continuidades en: Privé (1986), Tester de Violencia (1988) o Para los Árboles (2003), por citar apenas algunos.
Dentro de sus curiosidades, el disco parece escoger a sus oyentes. Para algunos de sus detractores representa un paso por debajo del virtuosismo de sus predecesores debido a su pulcra producción, a la abundancia de sintetizadores y a los aires futuristas que lo envuelven. Para otros, representa el espíritu inquieto que siempre caracterizó a su autor, volviendo a demostrar que cada nuevo camino podía convertirse en una nueva forma de emocionar, y Madre en años luz no es la excepción.
Isaac Páez
Soy músico e ilustrador, pero sobre todo escritor empedernido. Me desempeño como periodista musical y colaborador en proyectos independientes, labor que comparto desde hace más de seis años, mientras doy vida a otras páginas bajo distintos seudónimos.
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