Salsa romántica: el último aliento de la salsa
El termino de “salsa monga” es acuñado por el músico William Rosario para criticar el auge de una música que, supuestamente ha olvidado sus raíces y su naturaleza popular.
La Salsa dura contra la Salsa romántica
La salsa romántica, desde su nacimiento, se ha visto injustamente comparada con la salsa dura: dos géneros que comparten una misma raíz, pero que evolucionaron con motivos diferentes.
La salsa dura es un género que tomó como referencias musicales al jazz y los ritmos boricuas. Artistas como Ray Barretto y Willie Colón ayudaron a moldear su sonido, este último con un aporte crucial: el trombón. El instrumento que diversificó al género, que le aportó un carácter agresivo y le brindó una profunda carga social.
Entre las características a resaltar de la llamada salsa dura están los solos ejecutados en la mayoría de canciones, el mensaje político contenido y la experimentación sonora. Estás y otras ausencias hacen de la salsa romántica abiertamente criticada por los puristas del género.
Por otra parte, la salsa romántica posee grandes cualidades como el enfoque en el intérprete sobre la instrumentación, el especial énfasis en la puesta en escena y una sensibilidad construida a partir de temáticas románticas y sexuales, las cuales expandieron su público a una escala masiva.

El auge de la salsa romántica
Los factores que ayudaron al posicionamiento comercial de la salsa romántica son: la decadencia de la salsa dura durante mediados de los años ochenta (causada por el dificilísimo momento que vivía su principal discográfica “Fania Records”), la llegada de nuevas alternativas bailables como el merengue y la fatiga del público en general ante el sonido áspero que caracterizaba al género. Como resultado la salsa romántica vino como una alternativa novedosa, fresca y accesible.
No se puede hablar de la Salsa Romántica sin mencionar sus principales antecedentes. Entre estas piezas encontramos “Sin Poderte Hablar” (1979) de Willie Colón parte del LP Solo y el tema “Paula C” (1979), interpretado por Louie Ramírez y Rubén Blades; también cabe mencionar la grabación de la balada italiana “Cuando Cuando” (1962) por Tito Rodríguez. De esta forma se estableció una fórmula: reversionar temas de importantes baladistas e impregnarlas del germen de la salsa, una fórmula más que exitosa y los resultados no tardaron en llegar.
Durante mediados de los ochenta Frankie Ruiz se adueñó por completo de la salsa, obteniendo éxito tras éxito en una década más que fructífera para su carrera. Dentro de este panorama Willie Colón el arquitecto de la salsa dura, se unió al estilo cosechando popularidad en una década que ya no le pertenecía.

El último gran respiro de la salsa se puede rastrear desde el año 1987 hasta el año 2000, con la aparición del sello discográfico RMM denominado la “nueva fania” por traer de nueva cuenta a las listas de éxitos canciones del género. Las causas detrás del dominio comercial de la RMM fueron: la confianza y prestigio ganados a través de la contratación de artistas y productores clásicos de la salsa entre estos Eddie Palmieri, Tito Puente y Celia Cruz, y la pauta principal detrás: obtener un punto medio entre la salsa de antaño y la “nueva” salsa romántica.
Los estigmas y críticas a la salsa romántica no impidieron la creación de un legado y una tradición sonora que, por más de una década, dominó los cortes radiales de múltiples estaciones alrededor del mundo y brindó una nueva vida a un género obsoleto para el oyente popular.
Para el disfrute del lector, recomendaré un par de discos que trascendieron barreras y, con el paso del tiempo, se han convertido en clásicos imprescindibles de la salsa romántica:
1.- Fantasmas (1981)
Del salsero por excelencia Willie Colón, pieza indispensable de su discografía media-tardía.

2.- Cielo de tambores (1990)
Del ensamble colombiano Grupo Niche, un disco plagado de estribillos memorables.

3.- Más grande que nunca (1989)
De Frankie Ruiz “el papá de la salsa”: un disco sensual y una síntesis exquisita del género.

Nicolai Estrada
Soy escritor de crónica musical y poeta, con el tiempo me he convertido en un lector de artículos y literatura; la combinación de estas pasiones y mi nexo personal con ellas me han ayudado a desarrollar mis habilidades como relator.
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