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Sinal Fechado

Chico Buarque

Isaac Páez
Isaac Páez
3 min
Sinal Fechado

Después de los múltiples actos de censura en el tiraje de Calabar (1973) y de la orden que llevó al régimen brasileño a rechazar de manera sistemática toda composición creada por Chico Buarque, los propios censores terminaron, sin proponérselo, por abrir un nuevo camino para que el cantautor reinventara la forma de dar a conocer su música. Esta respuesta al estado tomaría forma al año siguiente con Sinal Fechado.

Este álbum ocupa un lugar único dentro de su discografía, pues el mayor de sus rasgos es el inminente paso hacia atrás para dejar hablar a otros. Caetano Veloso, Gilberto Gil, Toquinho, Vinicius de Moraes, Tom Jobim y Paulinho de Viola aparecen como autores de un repertorio que se volvería puramente interpretativo. La dictadura no había pensado que las canciones de amigos suyos, ajenas a él en la estricta forma de la pluma, terminarían por convertirse en su forma de resistencia.

Pero pese a su concepción, Sinal Fechado tiende a pasar desapercibido por estar al lado de sus célebres obras, quienes si pudieron tener una gran intervención compositiva de su autor. Sin embargo, aquí existen serenidades engañosas dentro de las interpretaciones, con arreglos que rara vez buscan el dramatismo y que se concentran más en el peso de las pausas y de la conversación íntima. La voz de Buarque parece ser que nunca pretendió imponerse sobre las composiciones, por el contrario, las recorrió con buena humildad y con un sello personal disimulado. Es por ello que parece crear un efecto, que cuanto menos parece decir el disco, más consigue comunicar.

Dentro de las demostraciones refinadas, ahora como intérprete músical, aparece la abridora tropicália de Caetano: “Fiesta Imodesta”. Es un samba de matices brillantes que contiene un fragmento simbólico de “Alegria” de Assis Valente: Minha gente / Era triste amargurada / Inventou a batucada / Pra deixar de padecer / Salve o prazer. Resulta que no hay ingenuidad alrededor de esa celebración, porque detrás de ella hay un homenaje para el compositor popular que recién fue callado. Le sigue la mental “Copo Vazio” que se encuentra con la ausencia, la esperanza y la capacidad de descubrir el sentido incluso cuando parece no quedar nada.

En la tercera podemos hallar una de las grandes composiciones de Noel Rosa, de título “Filosofia”. En su tono menor nos habla de un individuo que acepta la incomprensión del mundo: Pois cantando neste mundo / Vivo escravo do meu samba / Muito embora vagabundo. Hace alguna vez en los años treinta fue la protesta de Rosa, pero he aquí, emerge ahora la de Buarque.

De aquí en adelante se albergan respiros alejados hacia el estado, a excepción de un curioso caso que pasó desapercibido para los autoritarios semblantes. En “O Filho Que Eu Quero Ter” Chico recordó a la dupla Toquinho-Vinicius en una delicada voz que narra el recorrido imaginario por la vida de un hijo. Para “Cuidado Com a Outra” caemos en una de las composiciones cumbre de la vieja guardia del samba tradicional. Es reelaborada y guiada con gran pasión, en especial en sus arreglos. Sin alejarnos mucho de las grandes sambas “Lágrima” hace su aparición. Cuenta con una personalidad más ligera y rítmica, pero aun así desprende momentos introspectivos, sobre el amor, sobre la vida. Por otro lado, el momento para rendir homenaje a Jobim se da con la bella “Ligia”, donde Buarque hace una de las mejores interpretaciones que la excelsa composición requiere.

En “Sem Compromiso”, de Trigueiro y Pereira, se rinde homenaje esta vez a la samba con sus citas nocturnas, mientras que los cielos despejados con luna llena —musicalmente más elegantes, se hacen presentes en el desencuentro amoroso de “Você Não Sabe Amar”. Por último, la merecedora de todo triunfo por su estructura musical y lírica corresponde a la séptima de las anteriores, oculta deliberadamente. “Acorda, Amor” se llama, y es el centro político de todo el disco, porque aunque aparezca firmada por un tal Julinho da Adelaide, en realidad, fue compuesta por el mismo Chico Buarque al crear un seudónimo y utilizarlo para burlar su impuesta censura. No sería sorprendente pensar que este tema proporciona uno de los mejores momentos de todo el disco.

Las dos canciones finales corresponden a “Me Deixe Mudo” de Walter Franco, que es quizá la más singular del álbum. Recurre mucho a sensaciones minimalistas, muy sobrias, con una instrumentación ligada al reggae o la psicodelia. De igual forma, contiene pequeñas indirectas que pueden entenderse de manera distinta aunque se trate de una canción de desamor: Não me procure / E não se esconda / Não diga nada / Saiba de tudo / Fique calada. La última es una obra maestra de Paulinho y una de las más reconocidas de la MPB: “Sinal Fechado”. Dos personas conversan mientras esperan el cambiar de un semáforo, pero en el fondo el verdadero tema no es el paso por calles, sino la incapacidad de comunicarse con una sociedad marcada por la vigilancia. Es de esperar el por qué se escogió esta pieza para cerrar el álbum, puesto que termina aludiendo a un Brasil detenido.

Al final, es cierto que las interpretaciones de Sinal Fechado pueden suscitar opiniones encontradas. Para algunos, la ausencia de un repertorio compuesto mayoritariamente por Chico Buarque lo convierte en una obra opcional de escuchar, mientras que otros pueden afirmar que al ser el único caso, este da una mirada distinta al ingenio característico con el que seguía eludiendo la autoridad. Pero lejos de eso, lo verdaderamente extraordinario se encuentra en la manera en que el compositor reorganiza este conjunto de canciones. Sin duda, Chico logró que temas de amor, sambas clásicos y composiciones contemporáneas convivieran adecuadamente dentro de una colección donde su imposibilidad de escribir con libertad le dio su lugar para una nueva forma de cantar.

Chico Buarque Singer-Songwriter MPB Samba
Isaac Páez
Escrito por

Isaac Páez

Soy músico e ilustrador, pero sobre todo escritor empedernido. Me desempeño como periodista musical y colaborador en proyectos independientes, labor que comparto desde hace más de seis años, mientras doy vida a otras páginas bajo distintos seudónimos.

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