The Madcap Laughs
Syd Barrett
Para el lanzamiento de The Madcap Laughs en 1970, Syd Barrett daba la impresión de ser una figura completamente distinta al líder que había guiado los primeros pasos de Pink Floyd en el icónico debut “The Piper at the Gates of Dawn” de 1967. Vivía alejado de la vida pública y vadeaba un estado mental cada vez más inestable, hecho que quedo registrado en las grabaciones de este álbum. Su proceso de grabación fue concebido entre pausas largas, tomas incompletas y cambios de producción que involucraron a sus antiguos compañeros de banda; David Gilmour y Roger Waters. Además de contar con Malcom Jones, conocido por haber impulsado los primeros proyectos de un joven David Bowie.
A pesar tener un descuido constante en su dirección técnica, el disco se construyó de eso mismo para desarrollar un sonido que nace precisamente de esa imperfección. Las cualidades se encuentran con guitarras acústicas sintiendose cercanas, voces con apenas unos cuantos gramos de peso y rastros de psicodelia que sobreviven entre estructuras folk austeras.
Los temas que podemos apreciar con lo anteriormente dicho se hacen presentes con “Terrapin”, una canción íntima y frágil, llena de una interpretación cansada, aunque no menos cálida. En “Dark Globe” hay cambios en la velocidad de los rasgueos, similar a un rubato, gracias a la intensidad de la poesía expresada. Otras muestras de tocar por impulso se encuentran en las animadas “No Good Trying” y “Love You” que contaron con participaciones de Robert Wyatt y Hugh Hopper de Soft Machine, añadiendo sus partes a las enredadas tomas que Barrett ya había grabado solo con su guitarra acústica. El álbum también respira a través de “Here I Go”, que fue escrita en un pedazo de papel justo antes de entrar al estudio y “No Man’s Land” con su desorden rítmico, ofrecido por una batería y bajo tratando de encajar a la fuerza en los extraños compases.
La segunda mitad del disco es la que más profundiza esa mezcla folk y psicodelia desgastada. Ciertos ejemplos excelsos son “Golden Hair”, “Long Gone” y “Late Night”. En otras, como “Feel” y “If It’s In You”, se pueden escuchar errores que se dejaron a propósito en pos de capturar la realidad humana y artística de Barrett.
Por mi parte, lo considero un disco que muchas veces irradia inspiración. También llega a ser torpe, pero de igual forma agradable y profundamente onírico. He de decir que la cualidad más sobresaliente se encuentra en la poesía que salta entre mundos imaginativos. Y si bien, muchas veces se habla más del mito alrededor de su progresivo deterioro mental y su debida grabación, no significa que sus canciones dejen de ser las mismas de aquel joven de Cambridge que ayudó al rumbo y desarrollo de la psicodelia.
Isaac Páez
Soy músico e ilustrador, pero sobre todo escritor empedernido. Me desempeño como periodista musical y colaborador en proyectos independientes, labor que comparto desde hace más de seis años, mientras doy vida a otras páginas bajo distintos seudónimos.
Recibe nuevas notas en tu correo
Únete a nuestra lista para recibir curaduría musical directamente en tu bandeja de entrada.